
Al ver muchos problemas en la Iglesia de hoy (y en la de siempre)muchas personas entran en crisis y se preguntan ¿dónde esta la santidad de la Iglesia?
Debemos avivar la fe en la Esposa de Jesús. Porque El nunca la abandonará.
Por eso gozosamente afirmamos:
La Iglesia siempre ha sido, es y será santa.
-Sólo el tener a Jesús como cabeza ya la hace santa. La santidad de Cristo solo, es más grande que la del resto de la Iglesia, En El la Iglesia llegó a la perfección total.
-Además su doctrina santifica porque nos hace vivir el Evangelio…nos
hace semejantes a Cristo.
-Los sacramentos son para santificar: El bautismo es la siembra de
la santidad (de la vida de Dios) en nosotros.
-Y entre sus hijos hay montones de santos que, comenzando por
Santa Maria, presentan el rostro santo de la Iglesia de Jesús.
Alguno preguntará: ¿Y los grandes pecados de quienes pertenecen
a la Iglesia?
Son la cruz y el dolor de la Iglesia misma.
Ella lucha por purificarse, cada día, de tanto lastre. Es su sufrimiento
de madre. La Iglesia carga pecadores porque es Madre.
Sabemos que la madre buena acoge a todos sus hijos y no rechaza al
que ha equivocado la senda y es un drogadicto, un borracho, un homosexual. ..
Más bien ella está en vela toda la noche simplemente porque es su hijo y, aunque otros lo rechacen, ella lo espera con algo de comer escondida en la cocina.
La Iglesia es Madre y su gloria es cargar a los pecadores y, aunque ellos retrasen la llegada a la perfección a la que Dios la llama, no los arroja de su seno, son suyos… son como los heridos de guerra que hay que cargar… que no se pueden dejar en el camino.
Sólo quien no quiere ir con la Iglesia y voluntariamente se aparta de
ella, queda al margen. Se excomulga.
Eso la Iglesia lo ha aprendido de Dios que siempre espera y acoge al hijo pródigo.
Tiene paciencia y misericordia con todos como lo hace Jesús que no condena a nadie. Quien no cree, el mismo se condena (ver Jn 3,…).
De todo esto se deduce que si la Iglesia conoce las debilidades de sus hijos debe llamarlos continuamente para que trabajen por purificarse y llegar a la santidad.
Por eso invita, de muchas maneras, a todos los bautizados a que vivan
la perfección a la que Dios los llama:
Veamos algunas frases concretas, con lasque la Iglesia nos convoca
a la perfección de sus hijos:
LOS OBISPOS
“Es necesario que los pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, pastor y obispo de nuestras almas, desempeñen su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. Asi cumplido, ese ministerio, será también para ellos un magnifico medio de santificación… Orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupación episcopal y de servicio puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral. No teman entregar su vida por las ovejas y, hechos modelos para la grey, estimulen a la Iglesia con su ejemplo a una santidad cada día mayor” (LG 41).
“Dando ejemplo de santidad en la caridad, humildad y sencillez de vida… santifican la Iglesia que les ha sido confiada” (CD 15).
En el Jubileo de los Obispos (octubre 2000) Juan Pablo II, les decia:
“Toda nuestra actividad pastoral tiene como bjetivo final la santificación de los fieles, comenzando por la de los sacerdotes” y “es nuestro testimonio de santidad personal la llamada más creíble que los laicos y el clero tienen derecho a esperar en su camino hacia la santidad “.
LOS SACERDOTES
El Concilio Vaticano II pide de una manera especial la santidad de los sacerdotes a quienes llama “corona espiritual” de los Obispos.
Veamoslo que el mismo documento aconseja:
-Crezcan en el amor de Dios y del prójimo por el diario desempeño de su oficio.
-Conserven el vínculo de la comunión sacerdotal.
-Abunden en todo bien espiritual.
-Sean para todos un vivo testimonio de Dios a semejanza de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad.
-Oren y ofrezcan el sacrificio, como su deber, por los propios fieles y por todo el pueblo de Dios.
-Las preocupaciones apostólicas, los peligros y contratiempos, lejos de serles un obstáculo, deben ayudarles a ascender por ellos a una más alta santidad.
-Tengan presente cuanto favorece a su santificacion la fiel unión y generosa cooperación con su propio Obispo (ver LG 41).
Por su parte, el documento sabre los Presbiteros (PO 12 y ss)
añade:
“Los sacerdotes estan obligados, de manera especial, a alcanzar esa perfección… la santidad misma de los presbiteros contribuye, en gran manera, al ejercicio fructuoso del ministerio sacerdotal… De ley ordinaria Dios prefiere mostrar maravillas por obra de quienes, más dóciles al impulso e inspiración del Espiritu Santo por su íntima unión con Cristo y la santidad de su vida, pueden decir con el apóstol: “Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mi” (Ga 2,20).
Recordemos, tambien, estas dos frases:
“Los sacerdotes, por la santidad de que están enriquecidos en Cristo, pueden avanzar hasta el varon perfecto” y “empleando los medios recomendados por la Iglesia, esfuércense por alcanzar una santidad cada vez mayor para convertirse, día a día, en instrumentos más aptos al servicio de todo el pueblo de Dios”.
Necesitamos sacerdotes santos que aprendan de Jesús a dar la vida de una manera sencilla y no espectacular, no buscando sus intereses, sino únicamente la gloria de Dios y el bien de los fieles a ellos confiados.
Siguiendo la comparacion biblica, las ovejas necesitan del buen pastor para llegar al Buen Pastor. De lo contrario el demonio, como león rugiente, se echara sobre ellos para devorarlos a placer y sin que nadie se lo impida.
La responsabilidad de los sacerdotes es muy grande porque con su vida arrastran en pos de sí, hacia el bien o hacia el mal al rebaño que se les confió.
Como dice un santo de nuestros tiempos:
“La vocación sacerdotal lleva consigo la exigencia de la santidad. Esta santidad no es una santidad cualquiera, una santidad común, ni aún tan solo eximia, es una santidad heroica”.
LOS RELIGIOSOS Y LAS RELIGIOSAS
Juan Pablo II invita a los Religiosos a la santidad especialmente en el numero 35 de la exhortación apostólica Vita Consecrata.
Entre otras cosas, recordando la transfiguración de Jesús les dice:
“Los consagrados llamados a contemplar y testimoniar el rostro transfigurado de Cristo son llamados también a una existencia transfigurada”.
Así como Jesús dejaba ver en su vida y en su rostro transfigurado, la presencia de Dios Padre, así el religioso debe dejar ver en sí mismo a Jesús imitandole a El, que virgen y pobre obedeció al Padre hasta la muerte y muerte de cruz.
Y añade el mismo documento:
“La Iglesia ha visto siempre en la profesión de los Consejos Evangelicos un camino privilegiado hacia la santidad. Las mismas expresiones con que las define (escuela del servicio del Señor, escuela de amor y santidad, camino ó estado de perfección) indican tanto la eficacia y riqueza de los medios propios de esta forma de vida evangelica, como el empeño particular de quienes la abrazan. No es casual que a lo largo de los siglos tantos consagrados hayan dejado testimonios elocuentes
de santidad…”.
“El hecho de que todos sean llamados a la santidad debe animar más aún a quienes par su misma opción de vida tienen la misión de recordarlo a los demas” (id. 39).
El Pueblo de Dios, por su parte (y ciertamente iluminado por Dios) ve en los religiosos un ejemplo de vida santa. Les pide oraciones especiales “porque ustedes estan más cerca de Dios”…y otras expresiones que (aunque quizá no están bien expresadas), demuestran la convicción de la santidad que se debe vivir en la vida consagrada.
El saber que los fieles piensan así, debe animarlos. No se trata de hacerse “creídos” sino de aprovechar este estímulo que Dios les da por medio del corazón sencillo de sus hermanos.
También deben meditar la alegría de sus familiares cristianos, cuando saben que Dios escoge de entre sus hijos religiosos y religiosas.
El papa de Santa Teresa del Niño Jesús se llenaba de santo orgullo y de alegría (como buen padre cristiano) porque Jesús escogia “esposas de entre sus hijas…”
Procuren vivir todo lo que la Iglesia les pide que tengan en cuenta para crecer en el espíritu de su instituto y sean fieles al carisma de su fundador procurando seguir de cerca sus pasos.
LOS LAICOS
La dignidad de los laicos se aclara cuando consideramos la primera y fundamental llamada que el Padre dirige a todos en Cristo, por medio del Espíritu Santo: La vocación a la santidad ó sea a la perfección de la caridad.
El santo es el testimonio más esplendido de la dignidad conferida al discípulo de Cristo, por eso, Juan Pablo II dice:
“Es urgente que todos los cristianos vuelvan a emprender el camino de la renovación evangelica acogiendo generosamente la invitación del apóstol, a ser “santos en toda la conducta” (1 P 1,15).
Y en la Tertio Millenio Adveniente (42): “Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad y un fuerte deseo de conversión y de renovación personal, en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado”.
Todos en la Iglesia reciben y comparten la comun vocación a la santidad.
Esta vocacion hunde sus raíces en el bautismo.
Revestidos de Jesucristo, y saciados por su Espiritu, los cristianos son santos y por eso quedan capacitados y comprometidos a manifestar la santidad de su ser, en la santidad de su obrar.
Meditemos esas ideas que pertenecen a la exhortación apóstolica “Christifideles Laici” de Juan Pablo II.

La Lumen Gentium, por su parte, nos dice como los laicos pueden vivir esta santidad:Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina,cristiana y las virtudes evangelicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios… Asi son testigos y colaboradores de la fecundidad de la Madre Iglesia como simbolo y participacion de aquel amor con que Cristo amo a su esposa y se entrego a sí mismo por ella. El casado debe pensar que su plenitud cristiana la encontrara en la familia. Un cristiano casado no debe renunciar a la perfección.
Los viudos y celibes, deben contribuir no poco a la santida y actividad de la Iglesia.
Los trabajadores, deben encontrar, en sus ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creacion imitando, al mismo tiempo, a Cristo que trabajó en Nazaret y sigue trabajando, con el Padre Dios, para la salvación de todos.
Que el trabajo les sirva para ascender, cada día, a una santidad más alta, incluso con proyección apostólica.
EI trabajo de cada día es la herramienta de santificacion para el obrero.
Los pobres, enfermos y todos los que sufren en el cuerpo ó en el alma, recuerden que son predilectos de Dios y que “el Dios de toda gracia que nos llama a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de un breve padecer, los perfeccionará afirmará, los fortalecerá y consolidará” (.1 P 5,10).
A todos los cristianos nos conviene que haya muchos santos.
Se deduce de la doctrina tan hermosa de la “comunion de los santos”.
En efecto, el C.C. (1475) enseña que la comunion de los santos “hace que la santidad de uno aproveche a los otros más allá del daño que el pecado de uno puede causar a los demás. De aquí se deduce que la comunión de los santos permite al pecador contrito, estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado”.
Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones ó circunstancias de su vida y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, hacienda manifiesto a todo incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con que Dios amó al mundo.
Para concluir este parrafo sobre la santidad les invito a meditar
profundamente estas palabras del Vaticano II:
“Quedan, pues, invitados y aún obligados todos los fieles cristianos
a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del
propio estado” (ver LG 39-42).
Terminamos con estas palabras de Juan Pablo II del dia 3 de septiembre del año 2000:
“La santidad es un desafío y un deber para todos los seguidores de Cristo en todas las epocas”.
TODOS EVANGELIZADORES, TODOS SANTOS
Durante los últimos años, de una manera especial, la Iglesia viene
insistiendo en el deber que tiene todo bautizado (Obispo, sacerdote,
religioso, laico) de evangelizar.
“Ningún bautizado puede permanecer ocioso” dijo Juan Pablo II
(21.11.2000) refiriéndose al deber de evangelizar que tiene todo laico.
Cada cristiano es un misionero y, para ser apóstol, según el corazón
de Cristo, es necesario vivir la santidad.
Esto es lo que nos enseña Juan Pablo II en la enciclica Redemptoris
Missio.
Extractamos unos pensamientos de los números 90-91.
“La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad.
Cada misionero lo es auténticamente, si se esfuerza en el camino
de la santidad.
La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión.
Todo fiel esta llamado a la santidad y a la misión.
La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad. El renovado impulso de la “mision ad gentes” exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar mejor las fuerzas eclesiales… es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana.
Los misioneros reflexionen sobre el deber de ser santos, que el don de la vocación les pide, renovando constantemente su espiritu y actualizando también su formación doctrinal y pastoral.
El misionero ha de ser un “contemplativo en acción”. El halla la respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oracion personal y comunitaria.
El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Apóstoles: “Lo que existía desde el principia, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida.. .os lo anunciamos…” (lJn 1,1-3).
La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas que tiende al pesimismo, el anunciador de la “Buena Nueva” a de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza.
“Si ustedes son lo que tienen que ser prenderán fuego al mundo”.

En Mateo (5,48) leemos las palabras que cito en la introducción: “Vosotros, pues, sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial”. Y nos enseña unos detalles prácticos para que entendamos cómo ha de ser la perfección: “Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos”.
La santidad se vive en la historia y ningún santo está exento de las limitaciones y condicionamientos propios de nuestra humanidad.

Es, pues, el Espíritu Santo quien nos da la certeza de que somos hijos de Dios por medio de la gracia que nos santifica.
Por otro lado, cuando recibes la Eucaristía, Jesús viene a tu corazón y, como es Dios, puedes pedirle todas las fuerzas que necesitas para convertirte de verdad, para evitar el pecado, para hacer el bien, para corregir tus defectos y, sobre todo, para hacer su santa voluntad. Cuéntale a Jesús tus debilidades y flaquezas y pidele todo lo que te hace falta para ser verdaderamente santo, es decir, para agradar en todo al Señor. Participa en la Eucaristía, comulga sacramentalmente, y aprovecha la amistad de Jesús para que EI sea tu gran confidente. No puede existir nada más eficaz y maravilloso para ayudarnos en el trabajo de la perfección que el hecho de recibir a Jesús en la santa Comunión. Por supuesto que siempre bien preparado y con el alma limpia de pecado mortal. Recuerda la hemorroisa. Pensaba que solo tocando el manto de Jesús se iba a curar. Conocía el poder que brotaba de Jesús “el Santo de Dios” y consiguió el milagro que deseaba. Si la hemorroisa se curo tocando solo el vestido de Jesús, ¿que será el meter en nuestro cuerpo a Jesús mismo hecho pan de vida? Su presencia dentro de nosotros nos santifica y hace agradables a Dios. Para eso los santos comulgaban a diario. Y por esta misma razón la Iglesia, en el nuevo Código de Derecho Canónico nos dice que el que ha comulgado por la mañana, si asiste por la tarde a la Misa, puede comulgar de nuevo (ver Canon 917). Conviene que aproveches todas las oportunidades de recibir a Jesús para ser mejor. Esta comunión te hará agradable a Dios y muy amigo de Jesús. Y ¿después? Solemos decir: “Dime con quien andas y te diré quien eres”. Una media de aprovechar mejor la Eucaristía, es la “comunión espiritual”. Se trata de manifestar a Jesús un gran deseo de recibirlo. Eso se puede hacer en cualquier momento del día. Es decirle a Jesús que deseas ardientemente recibirlo en el sacramento del amor. Pero como no es posible hacerlo ahora….le pides que venga espiritualmente a tu corazón y te unes íntimamente con El. San Alfonso en las “Visitas al Santísimo” nos enseña: “¡OH Jesús mío!, creo que estas presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las casas, y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieses venido, te abrazo y me uno en todo a Ti. No permitas, Señor, que vuelva jamás a abandonarte”.
Si El nos ha hecho sociables en lo humano y cada uno necesita de los demás, también nos ha hecho sociables en lo sobrenatural. Nos necesitamos unos a otros. De ahi nace la necesidad de agruparse: Familia, Colegio Episcopal, Presbiterio, Congregaciones, Grupos apostólicos. Asi como en Dios, cada persona es infinitamente santa, y sin embargo las tres viven en la comunión de la Trinidad, también sus seguidores necesitamos vivir la santidad personal ayudándonos, como hermanos, para crecer en ella. Hay muchos que se reunen para hacer el mal. Alguien me comento: “Recuerdo siempre la ventana del quinto piso de un edificio. La luz estaba prendida hasta las tres o cuatro de la mañana. Era una célula terrorista que trabajaba en la noche mientras todos dormiamos. Eso me inquietaba. Posiblemente porque podían preparar cualquier acción terrorista, pero, sobre todo, porque cada noche comprobaba que los hijos de la luz duermen, mientras velan los hijos de las tinieblas”.
Ahi también los padres cristianos “siguiendo su propio camino median- te la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangelicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios” (LG 41). Debemos también tener presente la buena influencia que tiene el esposo o la esposa en el matrimonio, como dice San Pablo a los Corintios (1 Co 7,14) “pues el marido no creyente queda santificado por su mujer y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente”.
Leyendo Vidas de santos nos encontramos con un “Director espiritual”. También es cierto que otros santos no lo han tenido porque en definitiva el único Director espiritual indispensable es el Espiritu Santo que conduce a la perfección. Los que quieren avanzar en la perfección, deben aprovechar todos todo los medios para superarse día a día.