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Al ver muchos problemas en la Iglesia de hoy (y en la de siempre)muchas personas entran en crisis y se preguntan ¿dónde esta la santidad de la Iglesia?
Debemos avivar la fe en la Esposa de Jesús. Porque El nunca la abandonará.
Por eso gozosamente afirmamos:
La Iglesia siempre ha sido, es y será santa.
-Sólo el tener a Jesús como cabeza ya la hace santa. La santidad de Cristo solo, es más grande que la del resto de la Iglesia, En El la Iglesia llegó a la perfección total.

-Además su doctrina santifica porque nos hace vivir el Evangelio…nos
hace semejantes a Cristo.
-Los sacramentos son para santificar: El bautismo es la siembra de
la santidad (de la vida de Dios) en nosotros.bautizo1
-Y entre sus hijos hay montones de santos que, comenzando por
Santa Maria, presentan el rostro santo de la Iglesia de Jesús.
Alguno preguntará: ¿Y los grandes pecados de quienes pertenecen
a la Iglesia?
Son la cruz y el dolor de la Iglesia misma.
Ella lucha por purificarse, cada día, de tanto lastre. Es su sufrimiento
de madre. La Iglesia carga pecadores porque es Madre.
Sabemos que la madre buena acoge a todos sus hijos y no rechaza al
que ha equivocado la senda y es un drogadicto, un borracho, un homosexual. ..
Más bien ella está en vela toda la noche simplemente porque es su hijo y, aunque otros lo rechacen, ella lo espera con algo de comer escondida en la cocina.

La Iglesia es Madre y su gloria es cargar a los pecadores y, aunque ellos retrasen la llegada a la perfección a la que Dios la llama, no los arroja de su seno, son suyos… son como los heridos de guerra que hay que cargar… que no se pueden dejar en el camino.
Sólo quien no quiere ir con la Iglesia y voluntariamente se aparta de
ella, queda al margen. Se excomulga.
confesion5Eso la Iglesia lo ha aprendido de Dios que siempre espera y acoge al hijo pródigo.
Tiene paciencia y misericordia con todos como lo hace Jesús que no condena a nadie. Quien no cree, el mismo se condena (ver Jn 3,…).

De todo esto se deduce que si la Iglesia conoce las debilidades de sus hijos debe llamarlos continuamente para que trabajen por purificarse y llegar a la santidad.
Por eso invita, de muchas maneras, a todos los bautizados a que vivan
la perfección a la que Dios los llama:
Veamos algunas frases concretas, con lasque la Iglesia nos convoca
a la perfección de sus hijos:

LOS OBISPOS
“Es necesario que los pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, pastor y obispo de nuestras almas, desempeñen su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. Asi cumplido, ese ministerio, será también para ellos un magnifico medio de santificación… Orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupación episcopal y de servicio puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral. No teman entregar su vida por las ovejas y, hechos modelos para la grey, estimulen a la Iglesia con su ejemplo a una santidad cada día mayor” (LG 41).
jesus-and-his-apostles“Dando ejemplo de santidad en la caridad, humildad y sencillez de vida… santifican la Iglesia que les ha sido confiada” (CD 15).
En el Jubileo de los Obispos (octubre 2000) Juan Pablo II, les decia:
“Toda nuestra actividad pastoral tiene como bjetivo final la santificación de los fieles, comenzando por la de los sacerdotes” y “es nuestro testimonio de santidad personal la llamada más creíble que los laicos y el clero tienen derecho a esperar en su camino hacia la santidad “.

LOS SACERDOTES
El Concilio Vaticano II pide de una manera especial la santidad de los sacerdotes a quienes llama “corona espiritual” de los Obispos.
Veamoslo que el mismo documento aconseja:
-Crezcan en el amor de Dios y del prójimo por el diario desempeño de su oficio.
-Conserven el vínculo de la comunión sacerdotal.
-Abunden en todo bien espiritual.
-Sean para todos un vivo testimonio de Dios a semejanza de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad.210muril
-Oren y ofrezcan el sacrificio, como    su deber, por los propios fieles y por todo el pueblo de Dios.
-Las preocupaciones apostólicas, los peligros y contratiempos, lejos de serles un obstáculo, deben ayudarles a ascender por ellos a una más alta santidad.
-Tengan presente cuanto favorece a su santificacion la fiel unión y generosa cooperación con su propio Obispo (ver LG 41).
Por su parte, el documento sabre los Presbiteros (PO 12 y ss)
añade:
“Los sacerdotes estan obligados, de manera especial, a alcanzar esa perfección… la santidad misma de los presbiteros contribuye, en gran manera, al ejercicio fructuoso del ministerio sacerdotal… De ley ordinaria Dios prefiere mostrar maravillas por obra de quienes, más dóciles al impulso e inspiración del Espiritu Santo por su íntima unión con Cristo y la santidad de su vida, pueden decir con el apóstol: “Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mi” (Ga 2,20).
Recordemos, tambien, estas dos frases:
jesus abriendo los brazos“Los sacerdotes, por la santidad de que están enriquecidos en Cristo, pueden avanzar hasta el varon perfecto” y “empleando los medios recomendados por la Iglesia, esfuércense por alcanzar una santidad cada vez mayor para convertirse, día a día, en instrumentos más aptos al servicio de todo el pueblo de Dios”.
Necesitamos sacerdotes santos que aprendan de Jesús a dar la vida de una manera sencilla y no espectacular, no buscando sus intereses, sino únicamente la gloria de Dios y el bien de los fieles a ellos confiados.
Siguiendo la comparacion biblica, las ovejas necesitan del buen pastor para llegar al Buen Pastor. De lo contrario el demonio, como león rugiente, se echara sobre ellos para devorarlos a placer y sin que nadie se lo impida.
La responsabilidad de los sacerdotes es muy grande porque con su vida arrastran en pos de sí, hacia el bien o hacia el mal al rebaño que se les confió.
Como dice un santo de nuestros tiempos:
“La vocación sacerdotal lleva consigo la exigencia de la santidad. Esta santidad no es una santidad cualquiera, una santidad común, ni aún tan solo eximia, es una santidad heroica”.

LOS RELIGIOSOS Y LAS RELIGIOSAS
Juan Pablo II invita a los Religiosos a la santidad especialmente en el numero 35 de la exhortación apostólica Vita Consecrata.img_men_71_2008-4-13_3
Entre otras cosas, recordando la transfiguración de Jesús les dice:
“Los consagrados llamados a contemplar y testimoniar el rostro transfigurado de Cristo son llamados también a una existencia transfigurada”.
Así como Jesús dejaba ver en su vida y en su rostro transfigurado, la presencia de Dios Padre, así el religioso debe dejar ver en sí mismo a Jesús imitandole a El, que virgen y pobre obedeció al Padre hasta la muerte y muerte de cruz.
Y añade el mismo documento:
“La Iglesia ha visto siempre en la profesión de los Consejos Evangelicos un camino  privilegiado hacia la santidad. Las mismas expresiones con que las define (escuela del servicio del Señor, escuela de amor y santidad, camino ó estado de perfección) indican tanto la eficacia y riqueza de los medios propios de esta forma de vida evangelica, como el empeño particular de quienes la abrazan. No es casual que a lo largo de los siglos tantos consagrados hayan dejado testimonios elocuentes
de santidad…”.
“El hecho de que todos sean llamados a la santidad debe animar más aún a quienes par su misma opción de vida tienen la misión de recordarlo a los demas” (id. 39).
El Pueblo de Dios, por su parte (y ciertamente iluminado por Dios) ve en los religiosos un ejemplo de vida santa. Les pide oraciones especiales “porque ustedes estan más cerca de Dios”…y otras expresiones que (aunque quizá no están bien expresadas), demuestran la convicción de la santidad que se debe vivir en la vida consagrada.


El saber que los fieles piensan así, debe animarlos. No se trata de hacerse “creídos” sino de aprovechar este estímulo que Dios les da por medio del corazón sencillo de sus hermanos.
También deben meditar la alegría de sus familiares cristianos, cuando saben que Dios escoge de entre sus hijos religiosos y religiosas.
El papa de Santa Teresa del Niño Jesús se llenaba de santo orgullo y de alegría (como buen padre cristiano) porque Jesús escogia “esposas de entre sus hijas…”
Procuren vivir todo lo que la Iglesia les pide que tengan en cuenta para crecer en el espíritu de su instituto y sean fieles al carisma de su fundador procurando seguir de cerca sus pasos.

LOS LAICOS
La dignidad de los laicos se aclara cuando consideramos la primera y fundamental llamada que el Padre dirige a todos en Cristo, por medio del Espíritu Santo: La vocación a la santidad ó sea a la perfección de la caridad.
El santo es el testimonio más esplendido de la dignidad conferida al discípulo de Cristo, por eso, Juan Pablo II dice:
“Es urgente que todos los cristianos vuelvan a emprender el camino de la renovación evangelica acogiendo generosamente la invitación del apóstol, a ser “santos en toda la conducta” (1 P 1,15).

Y en la Tertio Millenio Adveniente (42): “Es necesario suscitar en cada fiel  un verdadero anhelo de santidad y un fuerte deseo de conversión y de renovación personal, en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado”.
Todos en la Iglesia reciben y comparten la comun vocación a la santidad.
Esta vocacion hunde sus raíces en el bautismo.
Revestidos de Jesucristo, y saciados por su Espiritu, los cristianos son santos y por eso quedan capacitados y comprometidos a manifestar la santidad de su ser, en la santidad de su obrar.
Meditemos esas ideas que pertenecen a la exhortación apóstolica “Christifideles Laici” de Juan Pablo II.

ante el Señor

La Lumen Gentium, por su parte, nos dice como los laicos pueden vivir esta santidad:Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina,cristiana y las virtudes evangelicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios…  Asi son testigos y colaboradores de la fecundidad de la Madre Iglesia como simbolo y participacion de aquel amor con que Cristo amo a su esposa y se entrego a sí mismo por ella. El casado debe pensar que su plenitud cristiana la encontrara en la familia. Un cristiano casado no debe renunciar a la perfección.
Los viudos y celibes, deben contribuir no poco a la santida y actividad de la Iglesia.


Los trabajadores, deben encontrar, en sus ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creacion imitando, al mismo tiempo, a Cristo que trabajó en Nazaret y sigue trabajando, con el Padre Dios, para la salvación de todos.
Que el trabajo les sirva para ascender, cada día, a una santidad más alta, incluso con proyección apostólica.
EI trabajo de cada día es la herramienta de santificacion para el obrero.
Los pobres, enfermos y todos los que sufren en el cuerpo ó en el alma, recuerden que son predilectos de Dios y que “el Dios de toda gracia que nos llama a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de un breve padecer, los perfeccionará afirmará, los fortalecerá y consolidará” (.1 P 5,10).
A todos los cristianos nos conviene que haya muchos santos.
Se deduce de la doctrina tan hermosa de la “comunion de los santos”.oracion
En efecto, el C.C. (1475) enseña que la comunion de los santos “hace que la santidad de uno aproveche a los otros más allá del daño que el pecado de uno puede causar a los demás. De aquí se deduce que la comunión de los santos permite al pecador contrito, estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado”.
Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones ó circunstancias de su vida y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, hacienda manifiesto a todo incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con que Dios amó al mundo.
Para concluir este parrafo sobre la santidad les invito a meditar
profundamente estas palabras del Vaticano II:
“Quedan, pues, invitados y aún obligados todos los fieles cristianos
a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del
propio estado” (ver LG 39-42).
Terminamos con estas palabras de Juan Pablo II del dia 3 de septiembre del año 2000:
“La santidad es un desafío y un deber para todos los seguidores de Cristo en todas las epocas”.

TODOS EVANGELIZADORES, TODOS SANTOS
Durante los últimos años, de una manera especial, la Iglesia viene
insistiendo en el deber que tiene todo bautizado (Obispo, sacerdote,
religioso, laico) de evangelizar.
“Ningún bautizado puede permanecer ocioso” dijo Juan Pablo II
(21.11.2000) refiriéndose al deber de evangelizar que tiene todo laico.
Cada cristiano es un misionero y, para ser apóstol, según el corazón
de Cristo, es necesario vivir la santidad.
Esto es lo que nos enseña Juan Pablo II en la enciclica Redemptoris
Missio.
Extractamos unos pensamientos de los números 90-91.
img_men_327_2008-12-02_5“La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad.
Cada misionero lo es auténticamente, si se esfuerza en el camino
de la santidad.
La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión.
Todo fiel esta llamado a la santidad y a la misión.
La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad. El renovado impulso de la “mision ad gentes” exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar mejor las fuerzas eclesiales… es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana.
Los misioneros reflexionen sobre el deber de ser santos, que el don de la vocación les pide, renovando constantemente su espiritu y actualizando también su formación doctrinal y pastoral.
El misionero ha de ser un “contemplativo en acción”. El halla la respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oracion personal y comunitaria.
El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Apóstoles: “Lo que existía desde el principia, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida.. .os lo anunciamos…” (lJn 1,1-3).espiritualidad1
La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas que tiende al pesimismo, el anunciador de la “Buena Nueva” a de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza.
“Si ustedes son lo que tienen que ser prenderán fuego al mundo”.

LA CARIDAD
Es evidente que la primera entre todas las virtudes es la caridad que nos une directamente con Dios y, al mismo tiempo, nos lleva también a vivir la unión y solidaridad con los hermanos.
Sin la caridad no hay perfección posible.
San Alfonso comienza su librito, “Practica del amor a Jesucristo” con estas palabras:
“Toda la santidad y perfección del alma consiste en amar a Jesucristo nuestro Dios”.
San Francisco de Sales decía: “la perfección cristiana consiste en amar a Dios de todo corazón”.
Y, San Agustín llego a decir: “Ama y haz lo que quieras” porque quien ama de verdad a Dios, no podrá hacer sino lo que le agrade. Es decir será un santo.
Juan Pablo II enseña:
“El amor es el único criterio según el cual todo debe hacerse o no hacerse, cambiarse o no cambiarse.
Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender.
Actuando con caridad o inspirados por la caridad…todo es bueno”(ver RM 60).
LA HUMILDAD
La humildad es indispensable para ser santos.
Los humildes se roban el corazón de Dios.
Dios quiere hacer maravillas en ti pero tú debes colaborar con Dios porque El respeta tu libertad.
Si tú se lo permites, Dios puede hacer de ti un gran santo.


El primer paso que has de dar es ser humilde porque Dios, en los
débiles y humildes, hace cosas grandes.
Por eso los que se creen grandes y piensan que pueden hacerlo todo ellos solos no llegan a nada. En cambia los humildes y pequeños lo hacen con Dios.
La Sagrada Escritura nos enseña que Dios rechaza a los orgullosos y acoge a los humildes. Meditemos algunos textos:
-”Odioso es al Señor y a los hombres el orgullo” (Eclo 10,7).
-”Los tronos de los príncipes los volteo el Señor y en su lugar sentó a los mansos. Las raíces de los orgullosos las arranco el Señor y en su lugar plantó a los humildes.” (Eclo 10,12-15).
-”Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).
-”El que se ensalce será humillado y el que humille será ensalzado”, (Mt 23,11).
-”Revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la mana poderosa de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce” (lP 5,5b-6).
Para ser humilde:
-Acepta la humillación.
-Reconoce tus defectos y se comprensivo con los defectos de los otros.
-Acepta con sencillez las cualidades que Dios te ha dado y las cosas que hace en ti.
-Acepta con alegría las casas buenas que Dios hace en otras personas.
-Admite que los demás tienen cualidades.
-Ten paciencia contigo mismo.

LA SENCILLEZ
“Mira, lo que halle fue solo esto: Dios hizo sencillo al hombre pero el
se complico con muchas razones”.
Esto dice el Eclesiastes (7,29) y la verdad es que a todos nos agrada que la gente sea sencilla pues los rebuscados y creídos nos caen mal.
Por algo, Jesús un buen día, para enseñar a los discípulos la actitud que debían asumir al evangelizar, colocó en medio de ellos a un niño y les dijo: “Si no cambiáis y os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los cielos” (Mt 18,3).
El mismo nos dio una máxima de vida:
“Sean sencillos como palomas y prudentes como serpientes” (Mt 10, 16).
San Pablo nos ensena:
“Hermanos no seáis niños en juicio, sed niños en malicia pero hombres maduros en juicio” (1 Co 14,20).
Esa sencillez no indica, par tanto, que se trate del infantilismo de seguir siendo niños toda la vida sino más bien de ser adultos, en toda la expresión de la palabra, manteniendo sin embargo las virtudes propias del niño que no guarda resentimientos, confía en su papa,
está abierto a todos, mira la vida con ojos limpios…
Esta actitud de la sencillez es lo que se ha llamado “la infancia espiritual”.
Santa Teresa del Nino Jesús, doctor a de la Iglesia, es la maestra de este “caminito espiritual”.
PERSEVERANCIA Y FIDELIDAD.
Juan Pablo II hablando en la plaza mayor de Lima, nos decía estas
palabras tan queridas para nosotros:
“La fidelidad es la prueba del amor”.
La perseverancia es una virtud que, en el fondo, las encierra todas,por eso decía Jesús: “El que persevere hasta el fin se salvara” (Mt 10,22b).
“¡Bien siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mt 25,23).
“Dichoso el siervo a quien su señor lo encuentre vigilando” (Mt 24,46).
Comenzar es fácil pero perseverar viene a ser la clave que hace
posible la santidad. Como dice el Catecismo Católico, la perseverancia es una gracia de Dios: “Los hijos de nuestra Madre, la Santa Iglesia, esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas,
con su gracia, en comunión con Jesús” (CC 2016).

Par eso decía San Alfonso que la perseverancia es la más importante de las virtudes porque nos hace agradables a Dios hasta el final
de nuestra vida.
Dinámica (personal)
-Examina cuantas veces has empezado casas o actividades buenas y cuantas has sido inconstante y lo has echado todo a rodar.
-Orgullo, vanidad, egoísmo, ansia de tener o de ocupar cargos importantes ¿por que? ¿cual es la raíz?

La característica de Dios es ser Santo.
Su naturaleza es la santidad y su Espíritu es tan santo que lo llamamos el “Espíritu Santo”.
En el Antiguo Testamento se habla claramente de la santidad de Dios, aunque a veces parece lejano e inimitable.
Los coros angélicos cantan continuamente ante Él: “Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria” (Is 6,3).
El Levítico nos dice: “Sed, pues, santos para mí, porque yo Yahveh soy santo Y os he separado de entre los pueblos para que seáis míos” (20,26). También Oseas nos habla de la santidad de Dios: “En medio de ti yo soy el Santo” (11,9).

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Cuando Dios se presentaba mediante las “teofanías”, el pueblo de Israel lo reconocía por sus manifestaciones todas ellas “santas”, es decir muy “por encima de las criaturas y separado de todo lo contaminado e imperfecto” que hay en este mundo.
Muchas veces estas manifestaciones (teofanías) venían acompañadas de grandiosidad, de rayos, terremotos, etc. lo que asustaba a la gente y producía en ellos temor a todo contacto con la santidad divina. Jesús cambió esta manera de pensar mostrándonos el verdadero rostro del Dios que es tres veces santo, pero al mismo tiempo cercano como un Padre, “Padre suyo y Padre nuestro”.

Jesucristo es el Santo
Marcos (1,24) pone en boca del mismo diablo estas palabras dirigidas a Jesús: “Sé quién eres tú: el Santo de Dios”. San Pedro dirá a Jesús: “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,69). Jesús es Santo porque tiene la misma naturaleza que el Padre celestial, de la que hemos hablado y es uno también con el Espíritu Santo.

El arcángel Gabriel le dijo a la Virgen que su Hijo “será Santo y llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35).Ante Jesús, Pedro y otros muchos, se sienten pecadores. Después de la pesca milagrosa, Pedro se echa a sus pies, diciendo: “Aléjate de mí Señor que soy un hombre pecador” (Lc 5,8).
Esa santidad de Jesús, y su semejanza con Él, aflora en la última cena hablando con Felipe cuando le dice: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre… creedme, yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”.

La santidad es un mandato
Como buen Padre, Dios desea que sus hijos se parezcan a Él. Pero no se trata de un simple deseo o un consejo. Su amor lo lleva más- lejos y emplea el verbo en el tiempo imperativo, es decir, un verbo que indica mandato.
Él quiere lo mejor para nosotros: En el Antiguo Testamento Dios dice a Moisés: “Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: “Sed santos porque yo Yahveh, vuestro Dios, soy Santo” (Lv 19,2).
CANJXT55 En Mateo (5,48) leemos las palabras que cito en la introducción: “Vosotros, pues, sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial”. Y nos enseña unos detalles prácticos para que entendamos cómo ha de ser la perfección: “Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos”.
Por su parte San Pedro (1 P 1,14-16) nos habla también de esta exigencia de nuestro Creador diciendo: “Como hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia, más bien, así como el que os ha llamado es Santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura, seréis santos porque Santo soy yo”. Cuando San Pablo escribe a los Tesalonicenses les dice: “Ésta es la voluntad de Dios: Vuestra santificación” (1 Ts 4,3). Y a los Efesios (1,4) les explicaba que el Señor los escogió mucho antes de crear el mundo: “Para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor”. También a los Colosenses les escribe: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia”(3,12).
Está, pues, claro que si quieres a tu Padre del cielo, debes procurar con todas tus fuerzas, ser santo para parecerte a Él.

¿Qué es la santidad?
Juan Pablo II decía en una homilía (3-9-00): “La santidad es relación profunda y transformadora con Dios, construida y vivida en el compromiso diario de adhesión a su voluntad. ante el Señor La santidad se vive en la historia y ningún santo está exento de las limitaciones y condicionamientos propios de nuestra humanidad.
Al beatificar a un hijo suyo, la Iglesia no celebra opciones históricas particulares…, sino que lo propone como modelo a la imitación y veneración por sus virtudes, para alabanza de la gracia divina que resplandece en ellos”.
La santidad es la participación en la vida divina. Se trata de un regalo, el más grande que nos ha hecho Dios y, porque es regalo, se llama “gracia”.
Dios es, por naturaleza, Santo y quiere que lo imitemos. La santidad viene de Dios.
Él es Santo y fuente de santidad. Su perfección es única y total.
Ese Dios, tres veces Santo, ha entrado en la historia humana y la ha llevado a su plenitud.
Esto sucedió en la encarnación cuando la santidad, viniendo de Dios Padre, se derramó en Cristo y se extendió, por medio de Él, a toda la humanidad y a la misma creación.
Ese paso se hizo por medio del Verbo que se encarnó como prueba de amor del Padre y, por Jesús, pasó a la Iglesia:
“El cristiano, santificado en Cristo (1 Co 1,2), está llamado a santificarse cada día más (1 Ts 3,13), a unirse más profundamente con Dios y en Dios, con la humanidad y la creación enteras, hasta que llegue el final de la historia… y el Señor Jesús sea glorificado en sus santos (2 Ts 1,10) Y Dios sea todo en todas las cosas (1 Co 15,28). La historia humana es, en este sentido y en última instancia, historia de la santidad”. CA4TYNK3
Vivimos en el tiempo y en la tierra que al ser “tocados” con la encarnación del Verbo han quedado santificados.
Tierra y tiempo, desde entonces, están en función de la santidad. Por eso Jesús decía a la Samaritana: “Los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad”.
Al hablar de santidad no debemos pensar que se trata de hacer cosas raras porque el mismo Dios no es raro.
Como la santidad de Dios es infinita, cada uno tiene que encontrar su propio camino de santidad.
Esto explica la gran variedad de santos que ha habido y habrá en la Iglesia de Jesús. En cada uno de ellos hay un poquito de lo que es Dios, ya que la santidad es compartir la vida de “el Santo” y actuar según Él.
Precisamente, para que pudiéramos conocerlo mejor, el Verbo se hizo tan cercano que pasó como uno más entre los hombres. Aunque la santidad se conoce por sus frutos frecuentemente los hombres no descubren a los santos que tienen cerca de ellos (posiblemente porque tienen los ojos sucios). “Pero la mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el corazón” (lSm 16,7). Es Dios quien conoce y aprecia los esfuerzos que hacemos para seguir el camino de la santificación. Por eso no debemos desanimarnos nunca. Además tengamos ya en cuenta que “Esta santidad grande que Dios nos reclama, se encierra aquí y ahora, en las cosas pequeñas de cada jornada”.

¿Quien santifica?
Es el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, quien nos santifica.
Precisamente la pa1abra “santo”, “santidad” viene de Él. Debemos agradecer al Espíritu Santo porque Él es la cercanía de Dios y todo lo que Dios ha querido regalar a la humanidad entera y a cada uno de nosotros, nos lo da por medio de su Espíritu Santo.img_men_89_2008-4-30_27
San Pablo les dice a los Tesalonicenses que Dios les ha llamado a la santidad y quien la desprecia no desprecia a un hombre sino a Dios que les hace el don de su Espíritu Santo (ver 1 Ts 4,7-8).
Por otro lado, dirigiéndose a esta misma comunidad les da a conocer que él da gracias a Dios: “Por vosotros, hermanos amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación, mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad” (2 Ts 2,13).
Dios nos regala el Espíritu Santo a todos, y sin medida, para que podamos tener esta fuente de santidad que todos necesitamos (ver Jn 3,34).
y si el Espíritu Santo es un don de Dios, Jesús, en el Evangelio de San Lucas (11,13) nos aconseja que pidamos al Padre este Espíritu Santo ya que Él nunca lo niega a quienes se lo piden. Si la gracia nos hace hijos de Dios es debido, precisamente, a esta presencia del Espíritu Santo en nosotros, como nos enseña San Pablo: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios, pues, no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que os hace clamar: Abbá, Padre” (Rm 8, 14ss).
img_men_89_2008-4-30_13Es, pues, el Espíritu Santo quien nos da la certeza de que somos hijos de Dios por medio de la gracia que nos santifica.
Desde ahora conviene tener muy presente: Si queremos ser santos y muy santos, tenemos que ser amigos, muy amigos del Espíritu Santo. Tú eres persona y Él también es una Persona muy especial (¡Jesús Dios!) que quiere ser tu amigo y descubrirte todos los tesoros de Jesús. Por eso Juan Pablo II nos advierte: !’ “Los hombres, pues, no pueden entrar en comunión con Dios si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu Santo” (RM 5).
Terminamos esta serie de citas con esta hermosa frase de San Pablo a los Corintios (1 Co 6,11): “Habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios”.

Y Jesús es el Verbo, la Palabra del Padre. Conocerlo a El es principio de santidad. El mismo decía en la última cena:
“Esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, único Dios verdadero y al que has enviado, Jesucristo” (Jn 17,3).
En la Palabra hay vida. En la Palabra Jesús esta vivo para ti. El contacto con ella también nos purifica:
“Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que os he anunciado” (Jn 15,3).
La Palabra de Dios tiene, pues, un gran poder para convertirnos y comunicarnos vida eterna.
Que no se te pase ningún día sin leer algo de la Biblia. Su lectura te ayudara a santificarte, lee cada día un capitulo de la Biblia y mírate en ella como en un espejo para ver como te pareces a Jesús cada día mas.

El Señor, que nos da siempre lo que necesitamos, para conseguir lo que El mismo nos pide, nos ha dado los medios para conseguir, más fácilmente, la santidad. Son muchos pero únicamente nos fijaremos en cuatro de los más importantes.

1. LA Eucaristía El primero y el más importante de todos los medios para conseguir la santidad es la Eucaristía. Según Jesús, si comes su cuerpo y bebes su sangre, tienes asegurada la vida eterna. La vida eterna comienza en este mundo con la gracia de Dios. Y esa gracia es la que nos, santifica. eucaristiaPor otro lado, cuando recibes la Eucaristía, Jesús viene a tu corazón y, como es Dios, puedes pedirle todas las fuerzas que necesitas para convertirte de verdad, para evitar el pecado, para hacer el bien, para corregir tus defectos y, sobre todo, para hacer su santa voluntad. Cuéntale a Jesús tus debilidades y flaquezas y pidele todo lo que te hace falta para ser verdaderamente santo, es decir, para agradar en todo al Señor. Participa en la Eucaristía, comulga sacramentalmente, y aprovecha la amistad de Jesús para que EI sea tu gran confidente. No puede existir nada más eficaz y maravilloso para ayudarnos en el trabajo de la perfección que el hecho de recibir a Jesús en la santa Comunión. Por supuesto que siempre bien preparado y con el alma limpia de pecado mortal. Recuerda la hemorroisa. Pensaba que solo tocando el manto de Jesús se iba a curar. Conocía el poder que brotaba de Jesús “el Santo de Dios” y consiguió el milagro que deseaba. Si la hemorroisa se curo tocando solo el vestido de Jesús, ¿que será el meter en nuestro cuerpo a Jesús mismo hecho pan de vida? Su presencia dentro de nosotros nos santifica y hace agradables a Dios. Para eso los santos comulgaban a diario. Y por esta misma razón la Iglesia, en el nuevo Código de Derecho Canónico nos dice que el que ha comulgado por la mañana, si asiste por la tarde a la Misa, puede comulgar de nuevo (ver Canon 917). Conviene que aproveches todas las oportunidades de recibir a Jesús para ser mejor. Esta comunión te hará agradable a Dios y muy amigo de Jesús. Y ¿después? Solemos decir: “Dime con quien andas y te diré quien eres”. Una media de aprovechar mejor la Eucaristía, es la “comunión espiritual”. Se trata de manifestar a Jesús un gran deseo de recibirlo. Eso se puede hacer en cualquier momento del día. Es decirle a Jesús que deseas ardientemente recibirlo en el sacramento del amor. Pero como no es posible hacerlo ahora….le pides que venga espiritualmente a tu corazón y te unes íntimamente con El. San Alfonso en las “Visitas al Santísimo” nos enseña: “¡OH Jesús mío!, creo que estas presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las casas, y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieses venido, te abrazo y me uno en todo a Ti. No permitas, Señor, que vuelva jamás a abandonarte”.

Los Grupos

 Dios nos llama a la santidad. Cada uno tiene una relación de intimidad con Dios. Es indispensable para ser santos cumplir los mandamientos que enseñan: “Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Sin embargo, nuestra santidad se realiza en comunión con el resto de la Iglesia de Jesús. La “comunión de los santos” consiste, precisamente, en ese compartir y vivir del mismo Espíritu de Jesús. img_men_89_2008-4-30_272Si El nos ha hecho sociables en lo humano y cada uno necesita de los demás, también nos ha hecho sociables en lo sobrenatural. Nos necesitamos unos a otros. De ahi nace la necesidad de agruparse: Familia, Colegio Episcopal, Presbiterio, Congregaciones, Grupos apostólicos. Asi como en Dios, cada persona es infinitamente santa, y sin embargo las tres viven en la comunión de la Trinidad, también sus seguidores necesitamos vivir la santidad personal ayudándonos, como hermanos, para crecer en ella. Hay muchos que se reunen para hacer el mal. Alguien me comento: “Recuerdo siempre la ventana del quinto piso de un edificio. La luz estaba prendida hasta las tres o cuatro de la mañana. Era una célula terrorista que trabajaba en la noche mientras todos dormiamos. Eso me inquietaba. Posiblemente porque podían preparar cualquier acción terrorista, pero, sobre todo, porque cada noche comprobaba que los hijos de la luz duermen, mientras velan los hijos de las tinieblas”.

Los grupos, que pueden ayudamos en la fe, son muy diferentes:

 a. La familia, que es la Iglesia doméstica, la Iglesia cercana. Ahi, especialmente de los labios de nuestros padres, aprendemos las nociones fundamentales del catecismo, comenzamos a rezar y nos preparamos para recibir los sacramentos sobre todo la confesión y comunión frecuentes. familia_1ninoAhi también los padres cristianos “siguiendo su propio camino median- te la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangelicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios” (LG 41). Debemos también tener presente la buena influencia que tiene el esposo o la esposa en el matrimonio, como dice San Pablo a los Corintios (1 Co 7,14) “pues el marido no creyente queda santificado por su mujer y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente”.

b. Los grupos apostólicos que se reunen para orar, hacer apostolado, ayudar más eficazmente al projimo, especialmente a los más pobres. En los grupos de fe compartimos testimonios y nos sentimos fuertes hablamos de las casas de Dios; el ejemplo de los demás nos estimula y cuestiona nuestra conducta; nos ayuda a crecer en la fe y a ser más comprensivos con todos. Se aprende a compartir y a vivir en solidaridad con los demás, especialmente con los más necesitados. En una palabra, el ambiente hace que tomemos la santidad como algo normal y así nos ayudamos unos a otros a ser santos.


Según la Escritura este debe ser el clima que debe reinar en los grupos cristianos:
* No marcar diferencias como pedia San Pablo a los Corintios (ver 1 Co 11, 18ss).
* Evitar las rivalidades (ver Flp 2,3).
* Tener un mismo sentir (ver Rm 12,16).
* Tener un mismo corazón y un alma sola (ver Hch 4,32). Para que haya estos grupos de fe que fortalecen el clima de santidad deben darse:
* Corazones con la misma inquietud que miran en la misma dirección: Cristo.
* Actividades que, lejos de entorpecer, favorezcan la santidad.
* Compartir la vida (experiencias, luchas y problemas) para darse la mano.
* Fructificar juntos, según decia Jesús: “Yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayais y deis fruto y que Vuestro fruto permanezca” (Jn 15,16).
* Tener un apostolado común que los proyecte hacia los demas. Si cada uno trabaja por su lado, dificilmente habrá un grupo apostólico de verdad.
c. La comunidad religiosa o grupo de personas consagradas con quienes se comparte la vida diaria. La finalidad de estos grupos es ayudarse mutuamente a crecer en la perfección, es decir, a crecer en la santidad y a hacer más fecundo el apostolado. Para ellos vale gran parte de lo que se dice acerca de los grupos apostolicos. La comunidad religiosa debe ser ante el mundo un signo de que es posible vivir los consejos evangelicos y además que existen lugares en la tierra donde se procura vivir con exigencia el pedido de Jesús: “Padre que sean uno para que el mundo crea que tu me has enviado”. Su misma vida ya es testimonio que evangeliza.

 

img_men_320_2008-11-25_18 Leyendo Vidas de santos nos encontramos con un “Director espiritual”. También es cierto que otros santos no lo han tenido porque en definitiva el único Director espiritual indispensable es el Espiritu Santo que conduce a la perfección. Los que quieren avanzar en la perfección, deben aprovechar todos todo los medios para superarse día a día.
Unas cosas prácticas para encontrar ese Director:

a. Escoger El Director espiritual es como un amigo en cuyas manos te pones pidiéndole que te acerque a Dios. Debes buscar una persona que conozca los caminos hacia la santidad y tenga experiencia de ellos porque los vive. Antes de decidirte por uno, reza mucho al Espiritu Santo para que te de ese buen amigo que te ayudara a caminar en Fe.

b. Sinceridad Descubrele con humildad y sencillez tu verdad (lo bueno y lo malo) para que te aconseje.

c. Obediencia Sigue sus indicaciones con humildad y paz.

d. Es un medio El Director Espiritual es un medio para acercarte a Dios porque sólo a Dios debes pegar tu corazón. Si no te ayuda de esta manera desinteresada déjalo.

e. Reza por él para que sea santo y te ayude mejor. Ten en cuenta lo que enseña San Alfonso: “La elección del padre espiritual no debe hacerse al azar ni por capricho; hay que escoger al que se juzgue mejor para el propio aprovechamiento y que no solo tenga doctrina y experiencia, sino que también sea hombre de oración y camine por la perfección”.
f. Finalmente hay que tener en cuenta que normalmente el Director espiritual es un sacerdote que nos ayuda y además nos puede absolver de nuestros pecados. Pero también puede ser Director un religioso o religiosa o un laíco que tenga buena experiencia de fe, que no pretenda manipular a los demás, si no que busque sólo la gloria de Dios y el bien de su dirigido. En este caso la confesión (y frecuente a ser posible) debe ir aparte de la dirección espiritual.

 

La direccion espiritual es Fuente de vocaciones sacerdotales y religiosas y sobre todo produce una floración de santos. Cuando no la hay, únicamente encontramos “experiencias” y “compromisos” temporales más o menos interesados pero no una entrega seria y de por vida.